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Patrimonio de la Villa de La Malahá

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La Vega

La Vega de La Malahá es un gran yacimiento arqueológico donde se han encontrado restos desde la edad del Bronce hasta la época medieval.

Las aguas procedentes de la fuente termal de “Los Baños”, así como de otras cercanas, son enfriadas en grandes albercas y utilizadas para riego por irrigación, de parata en parata, a través de un entramado de acequias que se dividen en ramales. El agua no utilizada por los agricultores va a desembocar en el Arroyo del Salado.

Toda esta infraestructura de regadío de época Nazarí, sigue funcionando a día de hoy, tal como se hacía en época Andalusí. Conservando los muros de contención de las paratas, acequias y albercas, así como algunas moredas utilizadas en la explotación del cultivo de seda.

La geología del Temple se caracteriza básicamente por la abundancia de yesos, limos, areniscas y conglomerados, todos ellos materiales de poca resistencia que junto a la escasez de acuíferos da lugar a lo que conocemos como “Secanos del Temple”. Donde se cultiva agricultura de secano como son cereales y frutos secos. Solo una pequeña área que se encuentra en torno a unas fuentes de aguas termales, forman un conjunto de terrazas irrigadas que permiten cultivos de regadío. A este lugar le denominamos “La Vega de La Malaha”.

El asentamiento de la población en la zona de La Malaha se debe principalmente a las ventajas que favorecen el desarrollo de la vida humana en torno al nacimiento de las aguas termales y de las Salinas.

En el libro de apeos de la Malaha de 1752 aparece una descripción del proceso de riego desde los manantiales de agua termal hasta las albercas y acequias.

El sistema de conducción de agua para esta agricultura irrigada, pasa del nacimiento de agua de los baños por un pequeño canal subterráneo hasta una gran alberca de la cual salen varias acequias, pudiendo representar esto el mismo circuito del agua que en época andalusí. Un sistema de regadío compuesto por unas albercas y acequias que funcionan actualmente igual que hace varios siglos.

Desde la Alberca, un partidor divide el agua en dos acequias principales. Una va hacia el núcleo urbano y otra hacia el pago del Salitral. El agua va pendiente abajo dividiéndose en varios ramales. El principal se denomina Caniles, que riega el pago del mismo nombre. El agua es repartida en varias parcelas, en su mayoría olivares.

Existen otras fuentes termales que permiten ampliar la zona de regadío. Como es el nacimiento y alberca de Las Delicias. El agua va bajando hasta desembocar en el Arroyo del Salado. La fuente de los Baños también permite regar otra zona que se encuentra por el camino de Santa Catalina.

Una serie de albercas situadas estratégicamente completan este espacio hidráulico, favoreciendo el control, almacenamiento y distribución del agua. Si bien es importante señalar que en la mayoría de las actuales albercas nace, al mismo tiempo, el agua. Es decir, son fuentes. Por otra parte, el sistema hidráulico está organizado para no perder una sola gota de agua, por lo que las albercas se integran en él recogiendo también el líquido sobrante de las acequias, una vez que éstas han finalizado su recorrido.

En el Quempe, según sabemos por unos contratos árabes romanceados de final de época nazarí, las propiedades rurales se venden “con el riego que tienen lo que dellas se riega e es de uso e costumbre para ello”. Por lo que la tierra se vende con el agua de riego, que dado la escasez de agua en el Temple, estaría muy valorada.

De las plantas silvestres, vegetación espontánea y autóctonas del Temple, cabe destacar: Las Aliagas o Aulagas que se utilizaba antiguamente para encender el fuego de las cocinas; La Alcaparra que crece espontánea y durante algún tiempo fue buscada para recolectar sus flores y frutos; El Cardo Corredor., de cuyas raíces, en descomposición, brota durante la primavera y otoño la deliciosa seta de cardo, muy apreciada y conocida entre los vecinos; Las Cardonchas que producen unas manchas en la piel que desaparecen con el tiempo; La Carihuela, planta silvestre que se produce en las zonas más sombrías de la vega. Se usa sólo para alimentación de conejos domésticos; Las Collejas, muy apreciadas como verdura y perfecto sustituto de espinacas; El Espárrago campestre que crece silvestre, posee mejor sabor y más intenso que el cultivado; El Espartizal, utilísimo desde tiempos antiguos. Con él sehan fabricado todo tipo de objetos: cestas, zapatillas, cuerdas, arreos para las caballerías, hondas de los pastores y cientos de útiles y objetos dando lugar a la “cultura del esparto”; El Hinojo utilizado en cocina, muy aromático; El romero es una planta medicinal y aromática; La Rompepiedras es una planta muy pequeña, ramaje espeso y fino, hoja muy pequeña, no da olor ni flor y es pobre de raíz. Se toma en infusión para eliminar las piedras del riñón. Se produce en tierras de blanquizares.; La Sanguinaria es una planta muy pequeña, su flor es blanca y mayor que su mata; flor y planta están tiradas al suelo. Se toma en infusión y sirve para la circulación de la sangre. Se produce en tierras de lastra o pedriza y, sobre todo, en las solanas; El Tomillo Salsero, de entre los que hay en estas tierras, es el menos frecuente. Se usa para aliñar las aceitunas; La Zahareña, es una planta de la familia de los tomillos, es silvestre y está casi extinguida. No debe arrancarse de raíz sino con una hoz o tijeras si queremos que no se pierda. Se toma en infusión y es buena para la úlcera de estómago, se aplica a heridas como cicatrizante y para la caída de pelo. Se utiliza tanto para personas como para animales.

También cabe destacar la existencia de un insecto perteneciente a una especie protegida por la Ley. Se denomina Apteromantis Aptera. Está incluida en el Convenio de Berna como “especie estrictamente protegida” y también en la Directiva de Hábitat como “especie de interés comunitario para cuya conservación es necesario designar zonas especiales de conservación y especie de interés comunitario que requiere una protección estricta”.

Existe un abrevadero conocido como Las Pilas construido en piedra con la inscripción “Año 1930”, aunque es más antiguo. Sabemos que fue utilizado por los rebaños que transhumaban en busca de pastos y que se alimentaban de sal del arroyo Salado.

Las Salinas

Se trata de una de las salinas más antiguas de Andalucía. Los fenicios y romanos ya proporcionaban la sal común de La Malahá a Sexi (Almuñecar) y a Salobreña para la elaboración de garum y otras industrias de salazones. La Salina fue defendida por Gonzalo Fernández de Córdoba “El Gran Capitán” y formó parte en las negociaciones de las Capitulaciones de Granada en 1.491.
A mediados del siglo XX contaba con 97 albercas, 7 calentadores y un almacén o Alfolí del siglo XII, noria de sangre en torreón, torres vigía, casa grande y casa para empleados. Ocupando una superficie de 3,30 hectáreas.


Tres nacimientos subterráneos y uno exterior denominado “El Charcón”, abastecen de agua salada las albercas, realizándose la recogida de sal en los meses de verano. Las albercas se dividían en dos zonas denominadas Salinas Altas y Salinas Bajas o las Salinillas, donde se encuentra hoy en día el nuevo almacén.

Algunas albercas eran especiales, donde se sacaba la sal de espuma que era blanquísima y de mejor calidad. Gran parte de las albercas estaban divididas por tablones de madera y los suelos estaban empedrados de lozas procedentes del cerro del Pingurucho. Los caminillos por donde pasaban las recuas de burros también estaban empedrados.

El almacén o alfolí del siglo XII, tenía una superficie de 25×7,5×5,9 metros, con fuerte armadura y cubierta de tejas, sostenida por pilares y contraforteado el interior con catorce machones de mampostería, al cual daban entrada dos puertas situadas en la fachada y en uno de los laterales. Tenía una capacidad para 22.000 fanegas de sal (1.100.000 kg.). Dentro del almacén había un cuarto pequeño para algunos efectos y útiles, la sal llamada de espuma y la oficina.

Junto al almacén había varias viviendas para el administrador y empleados. Hallándose su dirección y custodia a cargo de dos jefes principales, un fabricante, un pesador, un bombero y cinco dependientes de resguardo. Todos de plantilla y residentes en dichas viviendas. Para los cinco dependientes había cinco garitas, donde vigilaban las albercas durante la noche para que no robaran ni la sal ni el agua.

La “noria de adentro” o Torreón, extraía el agua del nacimiento por medio de una noria de sangre de extracción animal. Un mulo daba vueltas elevando unas vasijas metálicas que sacaban el agua a la superficie donde era encauzada a los calentadores. De esta torre falta el techo mudéjar con columnas de madera. También tenía unos quitamiedos o baranda de forma circular.

La segunda noria llamada “la de afuera” tenía el mismo sistema para sacar agua. También construida con grandes bloques de mampostería, pero solo estaba al ras del suelo. El agua, una vez extraída del estanque o nacimiento, ya sea por la noria o por bombeo, llega a los “calentadores”, albercas de gran tamaño donde se concentra la sal durante todo el invierno.

Posteriormente, durante los meses primaverales, el agua pasa al repartidor que llena las albercas donde permanece durante los meses de más calor. Los rayos de sol hacen que se produzca el fenómeno de la evaporación. Según los cosecheros a más calor, mejor calidad de sal. Antes de las tres recogidas en julio, agosto y septiembre, se van dando riegos de agua del manantial a las albercas para compensar la constante evaporación. Cuando se calcula una altura entre ocho y diez centímetros de sal, se vacía el agua de la parte superior, para posteriormente iniciar la recogida del fondo. Arrastrando unos ganchos de hierro, el dumper extrae la sal ya sólida, moviéndola y pulverizándola. La deposita sobre la carretilla, tras haber sido acumuladas las pilas en cada uno de los estanques. Una cinta transportadora en continuo movimiento de rotación, pone en el interior de un almacén la sal todavía húmeda, donde es amontonada para luego ser envasada.

Antes de mecanizar el proceso de recogida, los obreros picaban con azadas, otros con rodillos o borriquetes y otros apilaban la sal. Las recuas de borricos la transportaban. Cada viaje que realizaba el borrico desde los montones hasta el almacén cobraba un real. El peso mínimo que tenía que llevar era de 125 kg. Las pilas de sal se marcaban con un archamo que tenía por objeto comprobar que no habían sido manipuladas con el fin de hurto. En el archamo ponía “Salinas Nacionales”. En el siglo XIX la producción de sal era equivalente a la recogida de cereal en toda la comarca de El Temple.

Las corrientes de agua salobre, que confluyen con las aguas termales en el río Salado, generan un tipo de vegetación halófila muy interesante. Las especies botánicas más características son: las bermejas, el almajo dulce o sosa fina, el tarrico o caramillo, la manzanilla local, el espantazorras. Sin olvidarnos de otras de distinto hábitat ecológico como son: la amapola, el ballico y los anteojos; especies declaradas de interés científico y sujetas a protección.

Los fenicios y romanos explotaban la Salina de La Malahá y proporcionaban sal a Sexi (Almuñecar) para la elaboración del “garum”, por lo que estas salinas tienen un antigüedad superior a 2.500 años. El garo o garum quizás fue el primer producto alimenticio en España que se expandió por el entonces mundo civilizado por los romanos. Era una especie de salsa que se empleaba en multitud de casos acompañando a las comidas como legumbres, carnes, frutas, etc., a modo de condimento o aderezo.

Parece que había distintas clases de salsa, pero siempre hecha a base de intestinos, hipogastrios, gargantas, fauces y otras partes análogas del atún, la morena, el escombro o el esturión. Todo junto se dejaba en salmuera (sal) y al sol durante aproximadamente dos meses. Cuando se quería acelerar el proceso se recurre a curarla al fuego.
En las Capitulaciones de fecha 10/12/1489, se entregaron al Zagal, tío de Boabdil, tras la rendición de la parte oriental de Granada, la mitad de las Salinas de La Malaha y una renta equivalente a la otra mitad. Sin embargo, el nazarí pidió exiliarse a “Berbería”. Pasando las salinas, entonces, a manos de Bulcacin Venegas, Alguacil de Granada y su cuñado Yahía Alnayar.

Con la conquista de Granada por parte de los Reyes Católicos, estas salinas se convirtieron en un punto estratégico. En las Capitulaciones de 1.491, posteriormente ratificadas en las de Santa Fe en 1.492, las salinas fueron ofrecidas a Bulcaçin el Muleh y Yuçaf Aben Comixa.

Pero a causa del establecimiento del Monopolio Salinero por parte de los Reyes Católicos no podían vender la sal. Para obtener las “cédulas guía” que le permitieran hacerlo tuvieron que vender la mitad de las salinas.

Los Reyes arrendaron las salinas a varios alguaciles mudéjares. Al mismo tiempo, se prohibía comprar en Granada y su jurisdicción, la Alpujarra y la costa entre Albuñol y Maro, a excepción de Almuñécar y Salabreña, sal que no fuera de La Malahá y Dalías.

En 1495 los Reyes Católicos cedieron parte de las rentas de las salinas de la Malahá al Monasterio de San Jerónimo.

Las salinas de La Malahá fueron parte fundamental en los ingresos de la Corona durante más de tres siglos. Felipe II en 1.564 decide variar las bases del monopolio salinero por medio del “Estanco de la sal” que conlleva entre otras cosas la eliminación de las obligaciones de consumir sal de La Malahá y Dalías, pasando así casi todas las salinas del país a manos de la Corona.

Una ejecutoria de 1660 en las Ordenanzas Granadinas, habla de una escasez de sal que hubo en Granada, por fallo de la producción de las Salinas de La Malaha, y de la necesidad detraerla de Loja pagando el transporte.

En Granada solo hay salinas en La Malaha, Fuente Camacho de Loja y en Montejícar. Las salinas de La Malaha y Loja han estado sometidas históricamente a procesos de manipulación estatal que llegaron hasta la época de las desamortizaciones.

Las Salinas de La Malahá están en funcionamiento y son de propiedad privada. El puente y torreón han pasado a propiedad municipal para su restauración y puesta en valor.

Iglesia de la Inmaculada Concepción

Construida en el siglo XVI, comienza su construcción en el año 1.533. Nave de planta rectangular con dos capillas, torre y coro. Tiene un retablo barroco en el altar mayor del año 1540.

En el mismo aparecen las imágenes de los patrones del pueblo San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, en el centro está la Inmaculada Concepción.

La cubierta es de lacería mudéjar con alfarje decorado con estrellas del siglo XVI. En la portada se encuentra el escudo del arzobispo de Avalos. La puerta de madera con clavos de la entrada es de 1535 y fue realizada por Juan Ruiz. En el cancel aparece la inscripción “a la Concepción pura este cancel 9ª culto multiplica, esta Villa dedica a D. Francisco Sánchez Mocho Coca”.

En el inventario de bienes de la iglesia de 1689 ya aparece la pila bautismal y la imagen de San Juan Evangelista. En 1765, Mª Josefa Daóiz, viuda de D. Manuel Diego Escobedo, corregidor de Granada que murió en el Balneario el 20/09/1764, y fue enterrado en el altar mayor, donó a la iglesia los cuadros de La Adoración de los Reyes, San Jerónimo, la Cena de Emaús y la Adoración de los Pastores.

En 1772, la Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud Y de las Ánimas Benditas del Purgatorio, adquirió los cuadros de la Santa Faz y el Eccehomo. Compró el Cristo Crucificado para sustituir otro y compró el retablo de la capilla de Cristo de la Salud que fue instalado el 16/07/1777.

En la fachada de la Iglesia hay una cruz de piedra con la inscripción 1771. Fue parte de un vía crucis de catorce cruces de piedra que componían un itinerario de culto religioso y desembocaba en la C/ Cruces.

Casa de San Vicente Mártir

En el municipio de La Malaha (Granada), en la Plaza del Santo número 13, hay una casa solariega en muy buen estado de conservación. Sobre la puerta de entrada tiene un escudo de piedra correspondiente al linaje Guzmán de Alhendín. La Casa tiene una pequeña capilla oratorio donde se encuentra el cuerpo de San Vicente Mártir.

La urna con el santo se encuentra al fondo del cuarto en una especie de altar. Sobre ella hay seis relicarios de plata, los cualescontienen reliquias de diversos santos. En el interior de la urna se encuentra el cuerpo del romano con el vestido propio de un soldado, reposando su cabeza sobre dos almohadones de terciopelo rojo. La mano derecha sujeta una espada con la empuñadura en forma de cabeza de águila, y en la mano izquierda, que descansa sobre el muslo, coge una pluma. Al fondo de la urna hay un cáliz y el casco romano de san Vicente Mártir. El antebrazo derecho muestra la malla del uniforme y a través de ella se pueden apreciar los huesos. En la parte anterior de la urna se puede leer “San Vicente Mártir”. La Momia está en bastante buen estado de conservación, y en la cara se definen muy bien las facciones, aunque tiene una hendidura en la frente. Es de pequeña estatura y de aspecto juvenil.

No se sabe cómo llegó aquí esta momia de San Vicente. Según el libro publicado por D. Manuel Rodríguez Carreño, médico del Balneario de La Malaha, titulado “Paseos por La Malaha”, del año 1.850, dice que “fue traído de Roma a fines del siglo último por la familia de D. Diego Sánchez Mocho, que vivió en este pueblo y costeó también la bóveda de la iglesia en la cual fue sepultado por privilegio de S.M., cuyos objetos pertenecen hoy a D. Antonio Guzmán vecino de Alhendín, descendiente de dicha familia”.

Una práctica común desde el siglo XVI hasta el siglo XIX fue la extracción de reliquias de los cementerios romanos. Roma se convirtió en un verdadero centro de exportación y distribución de reliquias de los mártires. Tras un primer periodo que se extrajeron cuerpos con mucha libertad, la Santa Sede reguló a partir del siglo XVII el procedimiento a través de la Sacristía del Papa, a cargo del obispo titular de Porfiria, y sobre todo de la Custodia de Santas Reliquias.

Numerosas iglesias del mundo entero tuvieron acceso a los cuerpos de los santos. No se trata de cuerpos incorruptos, sino de reliquias depositadas en cuerpos de cera debidamente adornados. Muchas veces extraídos de tumbas anónimas.

Existen varias leyendas populares sobre cómo llegó San Vicente a La Malaha. Una de ellas cuenta que las Reliquias iban de paso por La Malaha con destino al municipio de Alhama, y que al pasar por la primera hubo una gran tormenta que hizo que la comitiva se refugiara en la casa donde se encuentra ahora y ya no volvió a salir. Los vecinos dicen que si alguna vez intentaran sacarlo de la casa, grandes tormentas lo volverían a impedir. Es costumbre de las madres de la localidad pedir al Santo la protección de sus hijos cuando han hecho el servicio militar o han realizado intervenciones militares en el extranjero.

En la capilla existe un lienzo al óleo copia del llamado “Lamentación ante Cristo Muerto” de Felipe Gómez de Valencia (1634-1679), cuyo original está en el Museo de Bellas Artes de Granada.
Existe en la capilla un documento enmarcado que dice textualmente: “Días de la indulgencias concedidas por varios arzobispos y obispos de España a todas las personas cada vez que devotamente rezaran un Padre Nuestro y un Ave María con Gloria Patri delante del glorioso cuerpo de san Vicente Mártir, pidiendo a dios por la paz y concordia de los príncipes cristianos y tranquilidad de la Santa Iglesia”. Este documento es el único que existe haciendo referencia al santo, ya que ni en archivos municipales ni parroquiales se dice nada acerca de éste, y por el cual se pueda probar la santidad del mismo. El documento que solía acompañar al cuerpo denominado la “Auténtica” y que acredita la autenticidad de la reliquia no se ha encontrado.

La capilla es de propiedad privada y la casa donde se encuentra hoy día hay un restaurante, por lo que se puede visitar.

Aljibe Árabe

Construcción de estanque de sillares de piedra con bóveda de lajas de piedra de La Malahá. Se cree que es del siglo XII.

Cerros de la Atalaya, Montevive y Pingurucho

Donde se puede realizar senderismo y encontrar lugares de gran Interés geológico, de observación de aves migratorias y de yacimiento argárico en el Pingurucho; restos de torre vigía árabe en la Atalaya, y preciosas vistas desde las cimas de los tres.

En Montevive se encuentra una cueva con más de 90 escalones y caras talladas en una de sus paredes. Hoy día está bloqueada la entrada con restos de la mina de estroncio pero tenemos un dibujo de Juan Cabré donde la describe minuciosamente.

En el yacimiento minerológico de Montevives podemos encontrar celestina, estroncianita, calcita, dolomita y yeso. La riqueza en estroncio del yacimiento es excelente.